¿Por qué se producen los pitidos en los oídos?


El sonido de los latidos del corazón. Los ruidos que quedan después de acudir a un concierto o de una noche de discoteca, o los famosos pitidos que se atribuyen a que alguien hable mal de nosotros.

Para quienes los padecen, estos sonidos internos incesantes pueden llegar alterar su forma de vida con trastornos del sueño, ansiedad y pérdida de equilibrio. En el pasado, a aquellas personas que afirmaban percibir sonidos constantes parecidos al del vapor de una tetera, al seseo o a un ring, se les diagnosticaba esquizofrenia, siendo medicadas con poderosos psicóticos que no hacían más que agravar su percepción.

En realidad, no eran alucinaciones ni voces interiores, sino estos acúfenos, también denominados tinnitus, cuya definición formal se refiere a la recepción de sonidos sin correspondencia con ninguna fuente externa ni actividad vibratoria en el oído.

Detrás de este fenómeno, no hay una causa homogénea para todos los pacientes, cuyo perfil abarca cualquier edad. Los motivos que pueden favorecer la aparición de esos sonidos internos son muy variados: un tapón de cerumen, una infección de oído, un tumor benigno, pérdida auditiva al síndrome del latigazo cervical, alteraciones emocionales o del sistema circulatorio o vascular, o incluso posturas corporales inadecuadas que tensen los músculos en la zona superior de los hombros.

El sonido estable, agradable y continuo del correr del agua o de la lluvia ayuda a dormir y a reducir la intensidad de los acúfenos. Desde que comenzase a ser objeto de investigación hace tres décadas, la cuestión central, todavía sin respuesta, es conocer el origen del pitido y el motivo de su percepción.

Los estudios más recientes a cargo de un grupo de especialistas internacionales surgido en Alemania, la Tinnitus Research Initiative, pretenden aportar nuevos datos sobre su fisiopatología, a través del proyecto europeo TINNET, para identificar los distintos tipos que existen.

La mayor parte de los diagnósticos no eran certeros por el error de incluir a pacientes cuyos acúfenos tienen un origen muy heterogéneo. Los resultados eran muy dispares, por lo que era muy complicado saber en qué casos los tratamientos podían funcionar. Con los mismos tratamientos, había un 48% de pacientes con beneficio frente a un 52% sin ninguna mejora. Si se agrupan por las mismas características, podrá estudiarse el beneficio de los distintos tratamientos”, explica la audióloga Isabel Diges, integrante del grupo de investigación.
Este mal no es una enfermedad, sino el resultado de una alteración o descompensación metabólica u hormonal, que en el 25% de los casos puede pasar de temporal a crónica y en el 50% se produce en ambos oídos.

“El funcionamiento del cuerpo genera sonidos internos que pueden oírse por cambios estructurales y funcionales en el cerebro, pero normalmente no se perciben debido al filtro subcortical de los sistemas que evita el paso de esos sonidos a la consciencia”, explica Diges.

La gran batalla surge a la hora de dar en la diana de lo que motiva su aparición. Es fácil cuando se conoce con exactitud la causa que lo provoca, como infecciones de oído o tapones, pero en la mayor parte de los casos el diagnóstico resulta muy incierto por falta de pruebas para objetivar y localizar el origen y la lesión que provoca.

“Todavía no se sabe cuál es el tratamiento más conveniente a cada paciente, pero no significa que no se pueda tratar. La terapia más eficaz es multidisciplinar, con la intervención de otros especialistas, que se encargan de los síntomas que lo rodean, como los problemas auditivos, cardiovasculares, depresivos, de sueño o musculares”, destaca esta audióloga.

Todavía no se sabe cuál es el tratamiento más conveniente a cada paciente, pero no significa que el acúfeno no se pueda tratar”, señala la audióloga Isabel Diges. Una de las dudas que asalta a los profesionales es, por ejemplo, su correlación con la pérdida auditiva. “Entre los pacientes que la sufren, algunos tienen acúfenos y otros no.

Todavía nos preguntamos por qué. También pasa con los adolescentes, que están más predispuestos a padecer estos pitidos por el uso de auriculares. Por qué pasa en unos jóvenes y no en otros está relacionado con la genética, nuestras estructuras auditivas no tienen la misma fuerza para absorber la intensidad del nivel alto”, señala Diges.

El objetivo no es eliminar este molesto sonido, sino reducir su intensidad, advierte la audióloga. “El reentrenamiento y los tratamientos multidisciplinares facilitan de forma individual la habituación al acúfeno a través de un proceso neurológico para que el paciente, aun sabiendo que sigue ahí, aprenda a vivir con el acúfeno y lo controle para no incapacitarle en su vida diaria. Hay pacientes que los sufren durante meses o años, no pueden revertirse enseguida, se necesita constancia y seguir las recomendaciones”.

El 72% de los pacientes padece problemas de sueño. Gran parte de los tratamientos se enfocan a mejorar el estrés y el descanso nocturno, como la terapia de reentrenamiento del acúfeno, o TRT en sus siglas en inglés, el modelo neurofisiológico de Pawel Jastreboff, profesor del Departamento de Otorrinolaringología de la Universidad Emory de Atlanta, que sentó las bases en los años 80 de todas las terapias actuales de sonido o psicoemocionales para abordar el tinnitus.

Los tratamientos facilitan al paciente la habituación para aprender a vivir con el acúfeno y a controlarlo, y que no le incapacite en su vida diaria. Al igual que métodos como la Terapia Cognitiva del Comportamiento (CBT), la TRT no solo trata el acúfeno, sino también otros trastornos auditivos como la hiperacusia, síndrome por el que los sonidos ambientales se vuelven dolorosos. “Comparando ambos métodos, los efectos de la TRT son mejores.

SegúnMedline, este método puede conseguir entre un 80% de mejora”, indica Jastreboff. Además del uso de audífonos, uno de los procedimientos se basa en reproducir el ambiente de la naturaleza a través de generadores de sonido. “Para dormir, es necesario un cierto nivel de sonido. El mejor es el de la naturaleza, el del correr del agua o el de la lluvia.

El sonido estable, agradable y continuo ayuda a dormir. Antes estábamos más expuestos a los sonidos de la naturaleza, de hecho, el silencio era sinónimo de peligro, no como ahora, que estamos insonorizados en casas y pisos”, recuerda Jastreboff durante su visita reciente a España invitado por GAES.

Fuente: www.elpais.com

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